Sí, el sueño del primer mundo, a partir de esta frase tan repetida en los últimos días y slogan de las recientes Olimpiadas, comienzo el presente ensayo en el cual trataré de hacer aproximaciones, todas lo más veraces posibles, a cerca de lo que encierran los Juegos Olímpicos, me refiero a cuestiones mucho más trascendentes que ver a “personitas” compitiendo por el oro.
Y es que para la gente común, para el pópulo (me declaro miembro de este grupo), el evento no es más que eso: dos semanas de atletas súper dopados, quiero decir “dotados” , y para el caso más particular, es decir para los mexicanos, de las más crudas y universales demostraciones de nuestro tan mediocre sistema; “malinchistamente” hablando; con esto no menciono ninguna novedad.
Sin embargo, contrario a lo que normalmente pensamos de las olimpiadas, refiriéndome con especial atención a las recientes, este tipo de magno eventos (como localmente lo fue el Fórum), lejos de tener motivos primariamente en pro de la cultura, o bien, del deporte, se manejan por cuestiones ligadas directamente con la economía, política, publicidad, ESPECTÁCULO… en pocas palabras, cuando decimos “Juegos Olímpicos” significa negocio/ billete/ compra y venta.
Al parecer, suena un poco “crudo” (para el más inocente) hablar en términos de dinero cuando todo esto se hace por el deporte y la salud… ¿en verdad resulta fácil “tragarse” tal falacia? Es obvio que para el país del exotismo amarillo, de la “otredad”, la simple posibilidad de realizar este tipo de evento, más que todo (en caso de que todo resultara excelente) terminaría por traer la mirada internacional hacia este país que actualmente se propone competir contra los antiguos, ¿ex gigantes? occidentales.
Lo señalado previamente me hace pensar que sería preciso recordar lo referente a la sociedad del espectáculo de Debord, ¡vaya que los chinos supieron manejar el espectáculo y sobre tal escenario! Todo parece indicar que la “realidad” (término altamente curioso y difícil de tratar) es la que aparece en los medios, la cual lejos de ser “veracidad pura”, no es más que información que si bien nació con la intención de informar hechos, por diferentes motivos se transformó en un conjunto inventado de palabras que alguna vez contenía la realidad, y no lo que sólo a algunos conviene… no el espectáculo.
Por otro lado, debo mencionar que sería justo concebir, lo que a los Juegos Olímpicos se refiere, como un gran logro de parte de una cultura que se ha considerado “diferente” a lo que “todos” (… los occidentales) conocen; como se sabe, China, junto con casi todo el continente asiático, por mucho tiempo no figuraba dentro de las naciones que vendrían a solucionar problemas, o siquiera a enseñarnos algo majestuoso.
Sin embargo el pasado 8 de agosto nos han dado una lección, y digo “nos” porque aunque siendo mexicana, considero que nuestro país siempre ha sido un “wannabe occidental”; en vez de aceptar, exaltar y aprovechar sus diferencias, las esconde (o bien las ofrece como artesanías) y lamentablemente nos “perdemos” con Estados Unidos. En fin, señalaba que China nos había dado una lección, evocando la genialidad con la que presentó sus ceremonias tanto de inauguración como de la clausura, sin olvidar la extraordinaria arquitectura de los principales estadios donde se “vivieron” (por televisión) estos Juegos.
Aun y cuando podría hacer burla del slogan olímpico con el cual inicié este ensayo, admito que los “amarillos” supieron manejar con maestría inigualable, lo simple pero cursi de estas palabras; creo que más que todo querían probarle al mundo de qué forma se preparan para competir y cómo, contra lo que la mayoría pensaba, lograron realizar uno de los eventos olímpicos más caros pero también más lucidos de toda la historia.
Ante el evidente éxito que se tuvo con la realización de los Juegos Olímpicos, los chinos “con la bandera comunista en mano”, han dado un giro a la percepción predominante occidental que insiste en asimilarlos no más como “inferiores”.
Esta sociedad que ha sido dirigida lo largo de su historia por la sencillez , laboriosidad y sabiduría, emerge en la contemporaneidad a partir del manejo adecuado de lo que anteriormente es señalado; lo cual no puede ni debe subestimarse, mucho menos si es comparado con el individualismo de rapiña que propugna en occidente.
A estas alturas del presente ensayo, pareciera que soy algún tipo de enviado en pro de la cultura china, o que soy alguna clase de fanática del comunismo… nada de esto es realidad, sin embargo, me parece formidable que China (aun y cuando representa una gran competencia para México y son “fayukeros” por excelencia) se haya dado la oportunidad de “acomodarse” como potencia y que ahora un país tan ajeno, hasta cierto punto contrario a los occidentales, forme parte de la lista de naciones importantes.
Con todas las previas “flores que le he echado” a China, no estoy dejando exenta a esta nación de criticarle sus puntos en contra, o bien, desatinos en términos de la realización de las últimas Olimpiadas. Y es que si bien se procuró en demasía la remodelación del territorio para convertirlo en una ciudad de “Primer Mundo” (físicamente hablando), se descuidaron cuestiones de mayor importancia… me refiero a la protección de los derechos humanos.
Bien es sabido que desde el año 2001, China fue declarado como el país que albergaría los Juegos Olímpicos pasados y fue también desde este momento cuando sus dirigentes prometieron (sin comprometerse), mejorar el acta de derechos humanos de su nación… lo cual habiendo pasado dos semanas de que el evento fue clausurado, surge la pregunta ¿cumplieron lo prometido a la nación en cuanto a los derechos humanos?
Ante esta cuestión, si nos ponemos a investigar sólo un poco, surgen comentarios múltiples de residentes chinos, activistas de los derechos humanos, quienes se han quejado de las terribles condiciones en que su país se encuentra a pesar de la “belleza” urbana en que se convirtió Beijing tras haber sido cede de los Juegos Olímpicos.
Con motivo de la construcción de los espectaculares estadios de los cuales todo el mundo, o casi todo el mundo fuimos testigos gracias a los medios de comunicación masiva, muchas personas fueron despojadas de sus hogares sin antes pedir su consentimiento para tal acción; ante esto se han hecho estimaciones de que un veinte por ciento de estas familias vivirán en pobreza o peor aun, en extrema pobreza.
Aun y cuando esto suena escabroso, hay cosas que resultan más hirientes para con los derechos. Existe un caso de un atleta paraolímpico a quien se le negó la participación en los Juegos de su especialidad, debido a que su condición ha sido testimonio viviente de la masacre del 4 de junio de 1989, ocasión donde perdió sus piernas tras intentar fallidamente rescatar a un compañero estudiante.
Por otro lado, hubo otra clase de “civiles” quienes se vieron fuertemente afectados con los sucesos relacionados con este “falso” intento por convertirse en una nación que “busca un sólo sueño”; esto debido a que aun en la actualidad, China sigue practicando una inquisición literaria y “goza” de tener record en cantidad de periodistas detenidos y privados de su supuesta libertad de expresión.
Con esto me refiero a que periodistas, reporteros y escritores han sido encarcelados bajo el supuesto incumplimiento de la ley tras publicar (o tratar de publicar) noticias “inventadas”… las cuales nada tenían de inventadas, sino que tras la verdad de su contenido, atentaban contra quienes ilícitamente habían trabajado en los preparativos e inversiones de las Olimpiadas.
Con estas bases, es obvio intuir que los límites han ido más allá de los medios escritos, ya que esta inquisición se expande por la televisión, la radio y últimamente, con más fuerza por medio de la internet. Es en China donde año tras año incontables páginas web son cerradas, blogs suprimidos y palabras veraces filtradas sin ninguna vergüenza; en pocas palabras resulta casi imposible, casi un sueño, el informar verazmente a la sociedad china (y mundial) acerca de la corrupción que se viene ejerciendo últimamente.
La lista de las transgresiones a los derechos humanos parece no tener fin, aunado a lo que se ha venido mencionando a lo largo de esta segunda parte del ensayo, encontramos con que aun en estos tiempos se siguen haciendo prohibiciones acerca de las religiones profesadas; por otro lado, a manera de “limpieza” han mandado a otros territorios a quienes consideran “contaminantes”, tales como pordioseros, indigentes “para que la ciudad se viera más linda”… Mandatarios ejecutan tales órdenes/ acciones sin cuestionarse los motivos que han llevado a estas personas a encontrarse en esa situación; esta falta de juicio es realmente decepcionante y por supuesto, alarmante.
Seguir enlistando lo anterior no tiene sentido, sin embargo me cuestiono y exhorto a quien lea esto a hacer lo mismo, ya que dudo que alguien califique de coherente la coexistencia de este tipo de evento con tal calidad e inversión, con la persecución religiosa, la esclavitud moderna, la discriminación de identidad, crímenes contra la humanidad. Aquí lo dejo de tarea, sigamos buscando “un mundo, un sueño”, pero que éste evolucione paralelamente al respeto de derechos humanos y dignidad del ciudadano.
jueves, 18 de septiembre de 2008
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